viernes, 6 de diciembre de 2013

«Los judíos necesitan sentir la solidaridad de los católicos»

El entendimiento del judaísmo con otras religiones, sobre todo con la católica, es una de sus prioridades y quizás por ello se ha revelado como una de las personalidades más notables e influyentes en este ámbito. El director internacional de Asuntos Interreligiosos del American Jewish Comité y del Instituto Heilbrunn para el Diálogo Interreligioso acude a menudo a reuniones y encuentros en el Vaticano y conoció de cerca a Juan Pablo II. Le une una amistad especial con Benedicto XVI y ya ha podido conversar con el Papa Francisco, al que admira profundamente.


–El Papa Francisco se caracterizó como arzobispo de Buenos Aires por su cercanía, amistad y cariño hacia el pueblo judío. Ahora, como obispo de Roma continúa con esta actitud. ¿Estamos ante una nueva etapa en las relaciones entre los dos pueblos?

–Las relaciones nunca han sido mejores que ahora. La diferencia no es sustancial respecto a años anteriores, pero el estilo de Francisco es diferente, es favorable. El Papa Benedicto XVI quería a los judíos y también era muy favorable a las relaciones entre los dos pueblos, pero Francisco tiene un fuerte compromiso que es único. Creo que incluso él mismo está sorprendido de ello. Puede ser el Espíritu Santo, pero el hecho es que ha dado una imagen nueva de la Iglesia, particularmente de la amistad con el pueblo judío.

–Muchos católicos aún desconocen la declaración Nostra Aetate. ¿Qué ha supuesto desde que Pablo VI la aprobase en el año 1965?

–Es una revolución y no es exagerado llamarlo así. Gracias a este documento los jóvenes de hoy no tienen el prejuicio hacia los judíos que sí existía antes. Durante casi 2.000 años el sentir ha sido que los judíos estaban malditos y condenados por Dios. Se les veía como a los enemigos de la Iglesia, incluso como aliados del demonio. Ha sido un cambio tremendo en la historia. Han pasado de ser vistos como la encarnación del demonio a hermanos queridos, sobre todo desde Juan Pablo II. No hay nada comparable en la historia del hombre a esto: de ser un tremendo enemigo a un querido hermano. Este camino se ha dado gracias a Juan XIII y al Concilio Vaticano II y por supuesto a Nostra Aetate. Juan Pablo II le dio el empuje final.

–El Papa Francisco ha afirmado en diversas ocasiones que no se puede ser cristiano antisemita. ¿Qué se puede hacer para erradicar este sentimiento?

–Lo primero que hay que hacer es dar a conocer Nostra Aetate. La gente tiene que conocer las enseñanzas del magisterio del Vaticano desde esta declaración. He conocido a algunos sacerdotes y obispos que no la conocían, lo que significa que no ha formado parte de su formación como sacerdotes y esto es una tarea fundamental. La formación no se puede dejar solo en manos de los sacerdotes y los obispos, la Iglesia es mucho más. Los movimientos y carismas de la Iglesia, especialmente el Camino Neocatecumenal, tienen y están desarrollando ya una responsabilidad fundamental en esta educación. Debemos superar las heridas de la historia, tenemos que «pasarlas» del mal hacia el bien, sobre todo porque es el deseo de Dios que nos queramos, que tengamos un amor especial entre los cristianos y los judíos.

–A finales de junio Auchswitz albergó una celebración en homenaje a las víctimas del Holocausto a la que acudieron importantes rabinos, cardenales y obispos y se interpretó una sinfonía sobre el sufrimiento. Usted también estuvo presente. ¿Qué ha significado este acto para los judíos?

–Se han hecho conciertos similares en otros sitios, pero el de Auchswitz ha sido el testimonio más poderoso del amor entre nosotros. Sin embargo, la mayoría de los judíos, sobre todo en Israel, no sabe todavía de estos cambios. La mayoría no ha conocido a un cristiano moderno. Cuando viajan fuera de Israel conocen a las personas como ''no judíos'' y no como cristianos modernos. Es muy importante que los judíos conozcan el verdadero mensaje de amor de los cristianos, pero no es sencillo porque hay mucho prejuicio en nuestra historia. Hay que hacerlo de forma inteligente para lograr el éxito, pero también para que no se vuelva contra nosotros como un boomerang.

–El sufrimiento es algo que tienen en común los dos pueblos. ¿Es uno de los puntos que está favoreciendo un mayor acercamiento?

–Para que yo pueda saber que tú entiendes mi sufrimiento tengo que estar abierto a ti. Y si yo pienso que tú has sido el origen en mi sufrimiento, en principio no puedo estar abierto a ti. Para llegar a este punto necesito sentir la solidaridad del otro. Especialmente en Israel necesitan sentir la solidaridad de los católicos y esto abrirá el camino a cuestiones más profundas.

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