Entrevista a Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal, en la cual da sus impresiones sobre el ahora Papa emérito Benedicto XVI y sobre los desafíos que, a su parecer, tiene la Iglesia Católica y por lo tanto el próximo pontífice. Habla sobre la importancia de la Nueva Evangelización, la correcta aplicación del Concilio Vaticano II y de la ingente labor en Asia, donde hay millones de personas que no conocen a Jesucristo.
¿Cómo vivió la última audiencia con el Papa?
Pude estar muy cerca de él y durante toda la audiencia estuve pensando que Benedicto XVI ha realizado un hecho maravilloso, heroico, y me preguntaba: ¿por qué razón no ha adecuado su pontificado y su actividad a su salud? Podría viajar por ejemplo menos para no fatigarse tanto. Sin embargo, ha sido capaz de sacrificarse y esto es un acto de virtud heroica. Para canonizar a alguien se necesita demostrar que su virtud ha sido en grado heroico. Para mí, este acto del Papa ha sido de virtud heroica. Ha comprendido que lo que necesita hoy la Iglesia es un Papa que lleve adelante una acción que él no puede realizar. Por eso va a continuar, pero desde la oración y dejando paso a un nuevo Pontífice. La Iglesia debe responder a lo que está sucediendo hoy en el mundo, que es muy grave.
El Papa señaló «que uno recibe la vida justamente cuando la dona». ¿Se refería también a la evangelización?
Ha dicho también otras veces que la fe se aumenta dándola. Sin duda que este acto que ha hecho el Papa le va a dar el ciento por uno a él –en santidad y en amor–, y a la Iglesia. Hay que tener discernimiento para comprender lo que sucede a nuestro alrededor. Lo que ha sucedido por ejemplo en Italia con las elecciones, con los partidos de izquierdas y los anarquistas, que han dicho en alguna ocasión que hay que destruir el Vaticano, Notre Dame y la Sagrada Familia. Estamos en una sociedad que cambia continuamente: la ideología de género, la ley de parejas homosexuales, etc. Y hace falta realizar una nueva evangelización seria. El Papa se ha retirado para que venga un apóstol mártir que pueda hacer frente a estos nuevos desafíos.
¿Cuáles son exactamente estos desafíos?
Hay dos importantes: el Concilio Vaticano II y la Nueva Evangelización. A los párrocos de Roma les dijo hace apenas unos días que, con respecto al primero, han existido dos concilios: el mediático y el real, y que este último aún no se ha realizado. Hay que llevarlo adelante, porque es la respuesta a un cambio de época total. En la nueva evangelización es primordial Asia. China, por ejemplo, se ha extendido por todo el mundo y en India hay millones y millones de personas que no conocen a Jesucristo. No es lo mismo un cristiano que un ateo. Un cristiano ha nacido del cielo, es una nueva creación; tiene dentro Vida Eterna, una misericordia especial y su relación con el dinero es distinta. Hoy en día hay muy pocos cristianos, porque no basta sólo con asistir a misa, sino que hace falta formar a verdaderos cristianos, de ahí la importancia de promover la iniciación cristiana en las parroquias que haga crecer la fe en las personas. Es necesario vivir en pequeñas comunidades de fe y decir a los hombres que es posible vivir la Vida Eterna porque Cristo nos da de su victoria sobre la muerte y podemos amar a los enemigos como Él ha hecho. Pero esto hace falta mostrarlo, y para eso hay que realizar una nueva Evangelización a nivel mundial.
miércoles, 6 de marzo de 2013
domingo, 17 de febrero de 2013
Comunicado de prensa - Camino Neocatecumenal
Con motivo del anuncio de la renuncia, como Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro de Benedicto XVI, los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, Carmen Hernández y el sacerdote Mario Pezzi —el equipo responsable mundial del Camino Neocatecumenal— expresan su pesar por este anuncio y el agradecimiento a Benedicto XVI por la profundidad de su magisterio y por su empeño en llevar adelante el Concilio Vaticano II; además de por las innumerables muestras de cariño y amor que a lo largo de su Pontificado ha mostrado hacia el Camino Neocatecumenal:

«No podemos por menos que darle las gracias por la aprobación de los Estatutos, así como la aprobación de las celebraciones que jalonan el itinerario del Camino Neocatecumenal. También por haber hecho revisar, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, los contenidos de las catequesis que el Camino utiliza en la iniciación cristiana. No podemos tampoco olvidar el envío de tantas familias en misión, tantas audiencias publicas y privadas que nos ha concedido, su proximidad en los momentos de angustia y tantos y tantos signos de sincero amor.
Podemos decir que estamos consternados por la noticia, pero también muy agradecidos de las numerosas muestras de amor hacia nosotros y hacia todo el Camino Neocatecumenal. Estaremos siempre muy agradecidos a Dios por él y rezamos para que la Santa Virgen María le dé salud y consuelo a su corazón por este acto de valentía, de profunda humildad, de coherencia y sobre todo de amor a Dios y a la Iglesia».
«No podemos por menos que darle las gracias por la aprobación de los Estatutos, así como la aprobación de las celebraciones que jalonan el itinerario del Camino Neocatecumenal. También por haber hecho revisar, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, los contenidos de las catequesis que el Camino utiliza en la iniciación cristiana. No podemos tampoco olvidar el envío de tantas familias en misión, tantas audiencias publicas y privadas que nos ha concedido, su proximidad en los momentos de angustia y tantos y tantos signos de sincero amor.
Podemos decir que estamos consternados por la noticia, pero también muy agradecidos de las numerosas muestras de amor hacia nosotros y hacia todo el Camino Neocatecumenal. Estaremos siempre muy agradecidos a Dios por él y rezamos para que la Santa Virgen María le dé salud y consuelo a su corazón por este acto de valentía, de profunda humildad, de coherencia y sobre todo de amor a Dios y a la Iglesia».
domingo, 10 de febrero de 2013
«Con los pobres tuve la certeza de que Dios existe, de que es amor... ¡y quedé muy sorprendido!»
[Este jueves 7 de febrero comenzó a distribuirse en Italia la versión italiana del best seller El kerigma, de Kiko Argüello (Buenas Letras). Ha sido publicado por la editorial San Paolo y a la gran expectación con la obra ha responido la revista Famiglia Cristiana con una extensa entrevista que reproducimos a continuación en su integridad.]
Habla como pinta. Destila palabras y silencios con el mismo estudiado cuidado que utiliza al escoger los objetos, los colores y la luz de sus cuadros. Francisco José Gómez Argüello, conocido por todos simplemente como “Kiko”, cuenta su historia y la del Camino Neocatecumenal en el Centro Internacional Siervo de Yavé de Porto San Giorgio, en la provincia de Fermo, ante un cuadro en el que ha pintado los principales hechos de la vida terrena de Jesús, desde el pesebre de Belén al sepulcro vacío, sello de la Resurrección; más de veinte metros de historia sagrada que por tramos y por proximidad cromática parecen un compendio de la pintura occidental, desde Giotto a Matisse, pasando por Picasso.
Pobreza, embrutecimiento moral, sustancial ignorancia de Dios: el Camino Neocatecumenal comenzó a tomar forma en los años sesenta en la periferia más mísera de Madrid.
-¿Qué llevó a un burgués de buena familia como usted a irse a vivir a un lugar como aquél? -A lo largo de mi vida he tenido varios encuentros con el Señor. Uno de los más importantes fue allí, ante el sufrimiento de los inocentes. Yo tenía mi estudio de pintor junto a la plaza de España en Madrid. La Navidad solía festejarla con mis padres. Un año entré en la cocina y vi a la mujer que trabajaba en casa de asistenta, llorando.
- ¿Qué había ocurrido? - Su marido era alcohólico. Pegaba a sus hijos. El mayor se había enfrentado a él alguna vez con un cuchillo. Estaba aterrorizada por la idea de que se mataran. Yo no sabía cómo ayudarla. ‘Venga a hablar con mi marido’, me pidió. Fui y quedé impresionado por el lugar donde vivían: un arrabal polvoriento y sucio.
Yo, que me había vuelto a acercar a la fe y a la Iglesia, pero que seguía atormentado por miles de dudas, los acompañé a los Cursillos de Cristiandad. Él quedó sorprendido al verme hablar de Jesucristo. Aceptó lo de intentar dejar la bebida, cosa que consiguió unos meses más tarde. Luego, lamentablemente, volvió a las andadas. Trabajaba de barrendero. La costumbre era tomarse una copa al final de la jornada. Pero las copas empezaron a ser dos, luego tres… cuatro… Cuando volvía a casa borracho se volvía violento. Su mujer entonces me llamaba, y yo era el único que la escuchaba. Pero aquello no podía seguir así.
- ¿Y qué hizo? - Pensé que Dios me estaba pidiendo que me fuera a vivir con aquella familia, ayudándole a él a mantener el trabajo y a vencer la esclavitud del alcohol, y defendiendo a los más débiles de la casa: aquella mujer y sus hijos. Y sin darle más vueltas, me fui. La cocina estaba llena de gatos. La miseria y la degradación reinaban dentro y fuera. Yo estaba atormentado: ¿por qué aquella gente sufría tanto? ¿Por qué Dios permitía aquel calvario? Mi mente y mi corazón estaban heridos por los conceptos de los que, en mi periodo agnóstico, consideraba mis maestros: Friedrich Nietzsche, Albert Camus y Jean- Paul Sartre.
-¿Qué quiere decir exactamente? - Parafraseando a Nietzsche, se podía afirmar: si Dios no quiere ayudarlos, es que es un monstruo; y si no puede, es que no existe. Frases envenenadas. ¿Podía Dios ayudar a aquella mujer o no? ¿Y si podía, por qué no lo hacía? ¿Dios existe? Al final abandoné todas estas preguntas.
¿Sabes lo que vi? En aquella mujer vi a Cristo, de la misma manera que he visto a Cristo en la mujer con párkinson, abandonada por su marido y con un hijo demente que por allí cerca arrastraba una existencia miserable, viviendo de limosna. Vi el misterio de Cristo que carga sobre sí el dolor del mundo y lo redime.
La búsqueda intelectual y filosófica de Dios me habían me habían hecho encallar. El encuentro con los pobres, los marginados, los enfermos; el vaciamiento interior progresivo, las humillaciones: fue entonces cuando Dios se manifestó. Tuve la íntima certeza de que existía. Y de que era amor. Y me quedé enormemente sorprendido, lo digo sinceramente. De pronto me sentí apaciguado, sereno. Y libre. ¡Si Dios existe, yo también existo! Después me llamaron para hacer el servicio militar y me mandaron a África.
- Y cuando volvió a Madrid se fue con los gitanos…
- Un asistente social me indicó la zona de Palomeras Altas, donde, entre muchas otras, había una chabola de tablones de madera. Me dijo, métete ahí. Y me mudé con una Biblia y la guitarra. Y allí, entre gitanos, prostitutas y desechos humanos comenzó todo.
Era el año 1964. Yo quería vivir en las chabolas como Charles de Foucauld, en contemplación, adorando a Jesús crucificado en los más pobres. Pensaba: si mañana Cristo volviese me gustaría que me encontrara al pie de los inocentes, crucificados por los pecados de los demás. Así fue como me quedé a vivir entre los pobres.
-Pero no siguió en los Cursillos de Cristiandad, ni se hizo Hermano de Charles de Foucauld, sino que dio inicio al Camino. ¿Cómo ocurrió?
-Debo mucho a ambas experiencias. Creo poder decir que fue Dios el que quiso que yo, junto a otros, sobre todo a Carmen Hernández, que ha sido tan importante por su formación teológica y misionera, pudiese poner en marcha una nueva síntesis teológico–catequética.
Los pobres nos han obligado a elaborar nuevas formas de predicación. Una vez, un patriarca gitano me llevó a una cueva ennegrecida por el humo de las velas y del carbón que utilizaban para calentarse. Me pidió que hablara de Dios ante un grupo de gitanos que se habían reunido allí. Yo me sentía indigno y me resistía. Pero su madre fue tajante: ‘¿Ha visto alguna vez a un muerto volver del cementerio? Mi padre está bajo tierra, y también mi abuelo. ¿Ha visto usted a alguno de ellos regresar con vida? ¿No? Entonces no le escucho’.
Aquella mujer me ayudó, a mí y a todos nosotros, a redescubrir el kerygma, palabra griega con la que se indica el corazón del mensaje evangélico: el anuncio del Dios que se hace hombre, muere y resucita para nuestra salvación.
- ¿Qué es el Camino? - Es una iniciación cristiana. Frente a un mundo completamente secularizado que ha perdido a Dios es necesario comprender a fondo qué significa creer. El Camino tiene diversas etapas y puede durar hasta treinta años, el tiempo que separa el nacimiento de Jesús del inicio de su predicación pública. Baja mucho a lo concreto.
¿Cómo se manifiesta la naturaleza divina que hemos recibido como don? ¿Acaso pensamos que es suficiente con ir a misa los domingos o rezar de vez en cuando? Por ejemplo: ¿cómo vivimos la llamada al perdón de los enemigos y a no oponer resistencia al mal? Todo el Camino se funda sobre la palabra de Dios, sobre la liturgia y sobre la comunidad, tres realidades indisolublemente ligadas a las que llamamos el trípode.
-Y pone mucha atención en las familias…
- Es uno de los ejemplos más bellos de relación de amor. El Camino cuenta con 842 familias enviadas en misión a los diversos continentes, hijos incluidos. Unas cincuenta de ellas están en China.
- Hace años algunos dijeron que repetíais el Bautismo... - No. Pero sí es cierto que profundizamos en los diversos ritos que componen el Bautismo para que todos sean conscientes de lo que significa y de lo que conlleva ser criaturas nuevas en el Señor.
- Estáis arraigados en muchas parroquias. Y aquí y allá surgen problemas… - Nosotros ofrecemos nuestra experiencia y estamos listos para colaborar con los párrocos que, por otra parte, saben que pueden contar con nosotros, porque somos puerto de amarre de muchos no creyentes, los llamados alejados. Las incomprensiones, cuando se dan, nacen a menudo del desconocimiento de quiénes somos verdaderamente, y de qué es lo que hacemos. Y esto vale también para los obispos que nos hostigan. La Iglesia, madre y maestra de todos, nos ha seguido y alentado en las personas de los Papas de los últimos decenios: Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
-¿Y con las demás realidades eclesiales cómo se llevan? ¿Hay colaboración, competitividad, o desencuentro? -Estamos en comunión con Comunión y Liberación, el Opus Dei y tantas otras realidades, incluidas la Comunidad de San Egidio y los Focolares. Ciertamente, si alguna realidad deja de tener como brújula la Biblia y el Magisterio y escoge puntos de referencia más mundanos o políticos, no nos tendrá de su lado.
-¿El arte es un camino o un obstáculo para llegar a Dios?
-El arte es una manifestación, una expresión del amor. El arte es relación. Y nos remite a la relación en la cual se funda la Trinidad. Y la Iglesia. Tomemos ejemplo de la creación tal como nos viene presentada por el libro del Eclesiástico, capítulo 42: Todas las cosas van de a par, una enfrentando a la otra; el Señor no ha hecho nada imperfecto. La una destaca a la otra: ¿quién se cansará de contemplar su gloria?
En mi evolución personal estoy intentando conjugar al máximo la pintura occidental con la oriental, fascinado por esta última que no tiene perspectiva, ni punto focal, ni calcula proporciones, que no se presenta como una ventana entreabierta por la que podemos mirar de reojo lo sagrado, sino, –cómo decirlo– que comunica con serena certeza una noticia: Dios existe, se presenta, aquí lo tenéis.
- ¿Cómo estáis viviendo el año de la fe? - Alternando la actividad ordinaria con los eventos especiales. Queremos anunciar el evangelio en la calle. Entre Pascua y Pentecostés, solo en Roma lo haremos en más de cien plazas.
jueves, 31 de enero de 2013
«Sólo quería salir de la cárcel para volver a robar y vender droga, pero Dios se encontró conmigo»
Eran unos ochenta presos los que acudían a escuchar las catequesis. «Hablaban de este Camino Neocatecumenal, hablaban de este español, de este Kiko, hablaban de la Virgen María, pero a mí personalmente no me importaba absolutamente nada porque sólo pensaba en salir de la cárcel», explica Pasquale. Pensaba en todo lo que haría fuera, pensaba que al salir tendría que vender droga, pensaba robar a la gente para sacarles dinero, «incluso estaba pensando en meterme en algún clan camorrista porque quería vengarme de todas las maldades que había recibido», asegura.
«Los curas y las monjas me resultaban antipáticos, incluso llegué a robarles»
Los catequistas aseguraban en la predicación que el Señor libra a la persona de sus esclavitudes, aunque Pasquale, sinceramente hablando, no se lo creía, y se decía: «No son más que chorradas, ¿qué quieren estos pelmas? Ellos ahora se van a casa, mientras que nosotros estamos encerrados aquí dentro y nos vienen a decir todas estas chorradas... ¡qué me importa!».
«Pero durante las catequesis estaba naciendo algo dentro de mí, cada catequesis que escuchaba me hacía estar clavado en la silla, ya no era capaz de oír la voz de mis amigos, el Señor quería hacer nacer algo dentro de mí, pero yo todavía no quería aceptar esa realidad», admite. Los amigos de Pasquale en la cárcel le insultaban y le preguntaban por qué continuaba escuchando esas «bobadas», pero el Señor seguía haciendo su obra. «Él sabía que yo tenía necesidad de Él, porque en la cárcel es difícil escuchar la Palabra de Dios, allí todos piensan que ir a la iglesia es una vergüenza». Es más, el primero que lo pensaba era el propio Pasquale. No había hecho la Primera Comunión ni se había confesado jamás: «Es más, los curas y las monjas me eran todos antipáticos e incluso llegué a robarles».
Una confesión que le cambió la vida
Durante la celebración penitencial que se realiza durante el tiempo de las catequesis, Pasqual tenía miedo. Miedo de ser juzgado, de la propia vergüenza al confesar todo lo que había hecho. Pero algo sucedió dentro de él, porque sin darse cuenta se encontró delante del sacerdote para confesarse por primera vez en su vida. Y por primera vez, también sintió el amor de Dios hacia él, un amor que pasaba por encima de todos sus pecados y los perdonaba: «Yo pensaba que mi vida ya no valía nada y que estaba acabada, porque a mí siempre me juzgaron los tribunales y siempre me condenaban a volver a la cárcel. Pero en aquella penitencial vi que, a pesar de todas las maldades y todo el mal que había hecho a la gente, incluso vendiendo droga a chavales inocentes... El Señor me perdonó, y comprendí que había un Dios que no me condenaba», asegura feliz.
El primer permiso
Poco a poco, Pasquale se dio cuenta de que, cuando saliera de la cárcel lo más importante sería su familia, no el dinero. «Yo pensaba que el dinero lo era todo para mí, pero el Señor me hizo entender que tenía que trabajar y que no debía robar ni vender droga». Lo más bonito, según cuenta el mismo, era cuando su mujer venía a visitarle y él le hablaba de las catequesis. Ella le notaba muy cambiado, pero pensaba que estaba loco: «Yo le decía que, cuando saliera de la cárcel, haría la Primera Comunión y después la llevaría a la Iglesia y me casaría con ella, pero ella no se lo creía». Pasquale ya no pasaba día y noche pensando en cómo salir de la cárcel, y cuando el juez le dio por primera vez ocho días de permiso, fue algo diferente. «Jesucristo me estaba haciendo salir de una esclavitud de la que nunca nadie pudo hacerme salir, de la esclavitud de la droga. Los ocho días de permiso los pasé en casa con mi mujer y mis dos hijos, fueron preciosos y muy distintos a las otras veces. Antes no me importaba nada estar en casa, salía corriendo a buscar a mis amigos para ver como podía conseguir dinero y dónde tenía que ir a robar».
El día en el que Pasquale salió de la cárcel
Cuando volvió a la cárcel, los catequistas fueron a ver a los presos y celebraron con ellos la Eucaristía. En la mitad de la celebración, entraron dos guardias para avisar a Pasquale de que era libre, podía salir ya de la cárcel. «El capellán y los catequistas me invitaban a irme porque era libre, pero yo insistía en que quería terminar la Eucaristía. Y los guardias me decían que estaba loco porque nunca habían visto a nadie que no quisiera salir de la cárcel», ríe Pasquale. Cuando por fin salió, ante él se presentaban el camino del bien y del mal, y Pasquale eligió. Empezó a caminar en la décima comunidad de San Giacomo, a pesar de que tenía muchas dificultades porque vivía lejos y muchas veces le faltaba dinero para la gasolina. Otra manera más de experimentar la providencia de Dios.
Pasquale se confirmó para poder casarse por la Iglesia. Uno de sus catequistas fue su padrino en ambas celebraciones. «El día de nuestra boda fue precioso, realmente sentía que Jesucristo venía a atarme con más fuerza a mi mujer, a la que yo había hecho sufrir tanto cuando me drogaba. Ahora me daba la posibilidad de tener una familia cristiana en el verdadero sentido de la palabra».
Los primeros trabajos
«Empecé a trabajar recogiendo la basura por la noche con una empresa privada, aunque al poco tiempo me quedé en el paro. Más tarde encontré un puesto de albañil que para mí era agobiante, porque tenía que levantarme por la mañana muy temprano y sufría mucho por el cansancio, porque yo nunca había trabajado así. Cuando vendía droga trabajaba menos y ganaba mucho más, pero el Señor me hizo entender poco a poco que solo Él era importante, y que tenía que trabajar para alimentar a mi familia, y poder anunciar Su amor también a mis compañeros», explica Pasquale.
«Quiero dar gracias al Camino Neocatecumenal porque si no lo hubiese conocido, estaría todavía vendiendo droga, estaría todavía haciendo daño a la gente. Pero el Señor ha sido bueno y es el único Padre que me ha querido con todos mis pecados», concluye.
Los hermanos acompañan
Tiempo después, Pasquale fue llamado a juicio por una vieja historia de droga. Esta vez no tenía miedo de volver a la cárcel, aunque lo sentía por su familia y por su comunidad. «El Señor me mostró su gran paternidad también en este hecho, no dejándome solo: al proceso vinieron también los hermanos de mi comunidad que, mientras esperaban, se pusieron a rezar conmigo a pesar de toda la gente que había. Gracias a sus oraciones y a la ayuda del Señor, el Juez me dijo que era libre y que no tenía que volver a la cárcel». Después de muchos años de Camino, el Pasquale que era conocido en el barrio por robar y vender droga, es hoy conocido porque ahora sólo le ven hablar de Jesucristo. «¡De hecho, algunos de mis amigos de infancia con los que robaba están viniendo ahora a escuchar las catequesis!».
«He experimentado la alegría de tener otros dos hijos más, de sentirme realmente padre y de hacer entender a mis hijos que siempre me equivoqué en la vida, pero que hoy está Jesucristo, que me ha aceptado con todos mis pecados, y que siempre está Dios Padre que provee para nosotros», finaliza contento Pasquale.
Un año después de la JMJ / El relevo
Cómo no alegrarnos al pensar que el Camino Neocatecumenal contribuyó junto a monseñor Cordes al nacimiento de estas Jornadas Mundiales! Todavía recuerdo los primeros encuentros, a los que asistían siempre tantos jóvenes del Camino. Me acuerdo sobre todo de la Jornada de la Juventud de Santiago de Compostela en el año 89 y de cómo los jóvenes llevaban tantas pancartas. Del Camino acudieron cerca de 50.000 y en total parecíamos casi medio millón. Fue algo enorme. Era algo novedoso ver a tantos jóvenes. Después, en la Plaza del Pilar de Zaragoza hicimos el encuentro vocacional, donde muchísimos jóvenes se levantaron para ir al seminario. Quisimos hacer presente que los primeros evangelizadores de España, a los que se los llama los «siete varones apostólicos», eran itinerantes. Estaban cansados y defraudados a la orilla del Ebro y después de fracasar querían volverse, pero la Virgen se les apareció para darles ánimo y decirles que tenían que continuar. Es decir, la Virgen María siempre sostiene la evangelización.
Una cosa sorprendente de la pasada Jornada de la Juventud en Madrid fue la cantidad de jóvenes. Uno se sorprende y se pregunta de dónde salieron tantos jóvenes, porque el Camino llevó cerca de 300.000, pero hubo más de un millón. Esto nos lleva a hacer una reflexión: los jóvenes no están fuera de la Iglesia, aunque al ir a las parroquias no se los vea. No es cierto.
Ha sido un gran signo de esperanza, de que no todo está perdido en Europa. Es verdad que el demonio está intentando destruir la familia cristiana, que está abierta a la vida y confía en el amor de Dios. San Jerónimo decía en la Vulgata al hablar del encuentro de Tobías y su mujer Sara: «Te tomo no por deseo de concupiscencia, sino con la esperanza de una posteridad que dé gloria a Dios», refiriéndose a los hijos. Se ve la esperanza grande que tiene la Iglesia en la familia. Estos jóvenes que hemos visto en la JMJ de Madrid son sin duda el fruto de tantas familias cristianas.
El Camino celebró en la Plaza de Cibeles al día siguiente de la vuelta del Papa a Roma un encuentro vocacional. Para nosotros fue algo maravilloso fruto de la palabra del Santo Padre y de su afabilidad, porque a los jóvenes que están en el Camino les llega muchísimo el Papa. Muchos jóvenes que se han levantado y que están hoy en los seminarios, cuando les hemos preguntado qué les ha movido a responder al Señor, contestan que ha sido la palabra del Santo Padre. Fue maravilloso ver a cerca de 300.000 jóvenes en la Plaza de Cibeles, todo lleno. Nosotros sentimos mucho la Nueva Evangelización en Asia, por eso dije que hay que preparar sacerdotes para China, Tailandia, etc. y fue sorprendente ver a tantos jóvenes, cerca de 5.000, que se movieron, se levantaron llenos de entusiasmo. También cerca de 3.000 chicas. Estamos conmovidos de la obra del Espíritu Santo en una nueva juventud que está Dios preparando para una nueva evangelización en el mundo.
A esta Nueva Evangelización se refirió proféticamente Juan Pablo II diciendo que es necesario retornar con fuerza y con ánimo al primerísimo modelo apostólico, sin desfallecer en llevar la maravilla del Evangelio a todos. Porque Cristo ha dado su vida para que todos los hombres tengan dentro una vida inmortal, vida eterna, y puedan amar en una nueva dimensión y no se angustien. Es maravilloso poder vivir con el Espíritu Santo dentro, con el Espíritu del Señor en nuestro corazón, y tener esperanza sabiendo que la muerte no es el final de nuestra vida. Es maravilloso ser cristiano. Por eso no podemos quedarnos callados; tenemos que salir a los caminos, tenemos que ir a las ciudades y decir a los hombres que hay una Buena Noticia para ellos y darles ánimo. Quien no quiera recibir este Espíritu, que Cristo le da gratis, continuará teniendo dentro miedo a la muerte y miedo al sufrimiento, pensando siempre en el dinero y teniendo dentro amargura. Pensad en la cantidad de gente que se suicida en todas partes. Esperamos que la Iglesia pueda levantarse y partir llena de entusiasmo y de esperanza a iniciar una Nueva Evangelización en el mundo.
Kiko Argüello
Iniciador del Camino Neocatecumenal
Una cosa sorprendente de la pasada Jornada de la Juventud en Madrid fue la cantidad de jóvenes. Uno se sorprende y se pregunta de dónde salieron tantos jóvenes, porque el Camino llevó cerca de 300.000, pero hubo más de un millón. Esto nos lleva a hacer una reflexión: los jóvenes no están fuera de la Iglesia, aunque al ir a las parroquias no se los vea. No es cierto.
Ha sido un gran signo de esperanza, de que no todo está perdido en Europa. Es verdad que el demonio está intentando destruir la familia cristiana, que está abierta a la vida y confía en el amor de Dios. San Jerónimo decía en la Vulgata al hablar del encuentro de Tobías y su mujer Sara: «Te tomo no por deseo de concupiscencia, sino con la esperanza de una posteridad que dé gloria a Dios», refiriéndose a los hijos. Se ve la esperanza grande que tiene la Iglesia en la familia. Estos jóvenes que hemos visto en la JMJ de Madrid son sin duda el fruto de tantas familias cristianas.
El Camino celebró en la Plaza de Cibeles al día siguiente de la vuelta del Papa a Roma un encuentro vocacional. Para nosotros fue algo maravilloso fruto de la palabra del Santo Padre y de su afabilidad, porque a los jóvenes que están en el Camino les llega muchísimo el Papa. Muchos jóvenes que se han levantado y que están hoy en los seminarios, cuando les hemos preguntado qué les ha movido a responder al Señor, contestan que ha sido la palabra del Santo Padre. Fue maravilloso ver a cerca de 300.000 jóvenes en la Plaza de Cibeles, todo lleno. Nosotros sentimos mucho la Nueva Evangelización en Asia, por eso dije que hay que preparar sacerdotes para China, Tailandia, etc. y fue sorprendente ver a tantos jóvenes, cerca de 5.000, que se movieron, se levantaron llenos de entusiasmo. También cerca de 3.000 chicas. Estamos conmovidos de la obra del Espíritu Santo en una nueva juventud que está Dios preparando para una nueva evangelización en el mundo.
A esta Nueva Evangelización se refirió proféticamente Juan Pablo II diciendo que es necesario retornar con fuerza y con ánimo al primerísimo modelo apostólico, sin desfallecer en llevar la maravilla del Evangelio a todos. Porque Cristo ha dado su vida para que todos los hombres tengan dentro una vida inmortal, vida eterna, y puedan amar en una nueva dimensión y no se angustien. Es maravilloso poder vivir con el Espíritu Santo dentro, con el Espíritu del Señor en nuestro corazón, y tener esperanza sabiendo que la muerte no es el final de nuestra vida. Es maravilloso ser cristiano. Por eso no podemos quedarnos callados; tenemos que salir a los caminos, tenemos que ir a las ciudades y decir a los hombres que hay una Buena Noticia para ellos y darles ánimo. Quien no quiera recibir este Espíritu, que Cristo le da gratis, continuará teniendo dentro miedo a la muerte y miedo al sufrimiento, pensando siempre en el dinero y teniendo dentro amargura. Pensad en la cantidad de gente que se suicida en todas partes. Esperamos que la Iglesia pueda levantarse y partir llena de entusiasmo y de esperanza a iniciar una Nueva Evangelización en el mundo.
Kiko Argüello
Iniciador del Camino Neocatecumenal
Mientras esperaba un autobús en Madrid habló de Dios a un joven drogadicto y le salvó del suicidio
Carmen y José Mari, su marido, son un matrimonio que llevan muchos años ayudando en la pastoral penitenciaria de la cárcel de Ocaña II. Allí han podido ser testigos de cómo Cristo realmente actúa y transforma los corazones. Algo que había marcado a Carmen para actuar en la historia que viene a continuación.
El encuentro en la estación de autobuses
Esta mujer estaba esperando el autobús que le llevara una tarde de vuelta de Madrid. Sin embargo, le quedaba más una hora de espera. En ese momento, un joven toxicómano se le acercó y le pidió dinero para un supuesto viaje que tenía que hacer. Ella le dio algo y cuando se alejaba el sufrimiento que él llevaba dentro. Vio a Cristo sufriente en su interior.
Al ver a Cristo en este joven esclavo de la droga supo que al menos alguien tenía que hablarle de Dios. Fue así como se acercó a él y le preguntó: "¿qué te pasa?" y pidió al muchacho que le contara su historia.
La carta de un preso convertido
Cosas de la providencia, Carmen llevaba en su bolso la carta de un preso de la cárcel a la que ella acude como voluntaria. Era la historia de cómo este recluso había podido dejar las drogas gracias a Dios. "Le dije, te la voy a leer, me puse a ello, y al escucharla el muchacho empezó a llorar", recuerda. Este joven toxicómano le preguntaba: "Realmente, ¿usted cree que Dios existe? Yo lo dudo, porque no entiendo por qué me hace sufrir tanto", pues no sólo estaba aquejado por la adicción sino por muchos problemas físicos.
El joven, extrañado ante la actitud de esta mujer y el contenido de la carta, le volvió a preguntar: "¿Y Dios puede hacer esto que dice la carta?" Un testimonio que no sólo relataba su conversión y cómo había salido del pozo sino que además animaba a sus compañeros a aprovechar esta gracia.
"Le conté los milagros que he visto"
Ante estas preguntas del joven, Carmen no sólo utilizó la carta sino que le contó su propia experiencia de fe. "Estuve mucho tiempo hablando con él y no sólo le hablé de las maravillas que había hecho en mi vida sino que le conté las experiencias de los hermanos de mi comunidad", auténticos milagros. "Yo le decía que era Dios el que había sacado de la droga a otros hermanos y que somos hijos de Dios y que nos ayuda", afirma.
Ante estas preguntas del joven, Carmen no sólo utilizó la carta sino que le contó su propia experiencia de fe. "Estuve mucho tiempo hablando con él y no sólo le hablé de las maravillas que había hecho en mi vida sino que le conté las experiencias de los hermanos de mi comunidad", auténticos milagros. "Yo le decía que era Dios el que había sacado de la droga a otros hermanos y que somos hijos de Dios y que nos ayuda", afirma.
El dinero era para suicidarse
Después llegó el turno del joven. Confesó que le había mentido y que el dinero que le había pedido no era para hacer ningún viaje. Llorando le dijo que "ese rato de conversación no había sido en balde" y avasallado por su vida quería el dinero para conseguir droga suficiente para suicidarse puesto que previamente se había escapado de un centro de rehabilitación.
Después llegó el turno del joven. Confesó que le había mentido y que el dinero que le había pedido no era para hacer ningún viaje. Llorando le dijo que "ese rato de conversación no había sido en balde" y avasallado por su vida quería el dinero para conseguir droga suficiente para suicidarse puesto que previamente se había escapado de un centro de rehabilitación.
La diferencia entre el suicidio y la muerte cristiana
Sin embargo, Carmen continuó hablando con él y relatando experiencias similares a la del joven y en las que habían podido salir de la droga. "Le hablé también de la muerte y de la paz que se tiene cuando se muere de manera cristiana, cómo se afronta la muerte teniendo a Cristo y cómo cuando no se tiene".
Sin embargo, Carmen continuó hablando con él y relatando experiencias similares a la del joven y en las que habían podido salir de la droga. "Le hablé también de la muerte y de la paz que se tiene cuando se muere de manera cristiana, cómo se afronta la muerte teniendo a Cristo y cómo cuando no se tiene".
Por ello, sobre su intención de suicidarse le dijo: "te quieres suicidar porque no puedes más y crees que la solución está en quitarte la vida" pero no, realmente, hay esperanza y con Cristo todo es posible. Él transformó la muerte en vida, por lo que le recomendó que acudiera a la Iglesia, que es su madre.
La decisión de no suicidarse
Admirado y muy emocionado, el joven drogadicto aseguraba que "nadie me ha hablado como usted lo está haciendo". Tras un largo rato de charla en la estación de autobuses, el joven afirmó que la carta y la experiencia de Carmen le habían quitado la idea de suicidarse. "Ahora veo que debo ir a la casa de mis padres, pedirles perdón y que me ayuden a dejar la droga", aseguraba. Y añadió que también "debo hacer lo que me ha dicho y pedir ayuda a la Iglesia". Les dio tiempo para despedirse y el joven se mostró agradecido a Carmen. De una manera cuanto menos curiosa, Dios había llegado a los oídos de este joven esclavo de la droga.
La decisión de no suicidarse
Admirado y muy emocionado, el joven drogadicto aseguraba que "nadie me ha hablado como usted lo está haciendo". Tras un largo rato de charla en la estación de autobuses, el joven afirmó que la carta y la experiencia de Carmen le habían quitado la idea de suicidarse. "Ahora veo que debo ir a la casa de mis padres, pedirles perdón y que me ayuden a dejar la droga", aseguraba. Y añadió que también "debo hacer lo que me ha dicho y pedir ayuda a la Iglesia". Les dio tiempo para despedirse y el joven se mostró agradecido a Carmen. De una manera cuanto menos curiosa, Dios había llegado a los oídos de este joven esclavo de la droga.
Años viendo milagros en las cárceles
José Mari y Carmen siguen yendo todas las semanas a la cárcel de Ocaña porque "la gente está muy necesitada de Dios". Allí han visto auténticos milagros y "tenemos un agradecimiento a Dios enorme por esta misión". De hecho, Carmen confiesa que "yo jamás había pensado en ir a una cárcel pues soy muy miedosa" pero en la capilla de la prisión"ellos se sienten libres, no salen igual que cuando entraron. Decía un interno el otro día que se llevaba la gasolina para la semana".
José Mari y Carmen siguen yendo todas las semanas a la cárcel de Ocaña porque "la gente está muy necesitada de Dios". Allí han visto auténticos milagros y "tenemos un agradecimiento a Dios enorme por esta misión". De hecho, Carmen confiesa que "yo jamás había pensado en ir a una cárcel pues soy muy miedosa" pero en la capilla de la prisión"ellos se sienten libres, no salen igual que cuando entraron. Decía un interno el otro día que se llevaba la gasolina para la semana".
Esta experiencia en la pastoral penitenciaria les ayuda en su vida de fe como matrimonio. José Mari asegura que "para nosotros ir es estar con los pobres y los débiles. Es estar con Cristo, con la presencia viva de Cristo. Les vemos como sufren y como encuentran un consuelo grande. Esto es también un testimonio para nosotros".
Dar gratis lo que han recibido gratis
Igualmente, Carmen afirma que "hemos visto grandes testimonios, presos que habían tenido reyertas entre ellos y que se han perdonado porque a raíz de estar en la Iglesia sabían que tenían que perdonarse para estar con Cristo".
Igualmente, Carmen afirma que "hemos visto grandes testimonios, presos que habían tenido reyertas entre ellos y que se han perdonado porque a raíz de estar en la Iglesia sabían que tenían que perdonarse para estar con Cristo".
Aunque a veces también su papel es más contemplativo. "En ocasiones sólo con escuchar les ayudas porque hoy en día no se escucha. Vivimos en un mundo con prisas y así al menos pueden sentirse escuchados". Cumpliendo lo que dice el Evangelio este matrimonio asegura "sentir la presencia de Dios como nunca en la cárcel" y habiendo recibido a Dios han podido darlo a los demás en una estación de autobús para dar gratis lo que han recibido gratis.
miércoles, 23 de enero de 2013
Drogadicto y ladrón, dos veces pasó por desintoxicación pero recayó... la oración le salvó
Para poder contar su testimonio, "Juan", joven hondureño, tiene que dar un nombre falso, por motivos de seguridad.
Cuando tenía 7 años, su padre murió. Aunque su madre siempre trató al niño con cariño y cuidado, nada llenó el vacío causado por la ausencia de padre. Se convirtió en un niño rebelde e indisciplinado. La escuela llamaba con frecuencia a la madre para explicar los líos en los que se metía el niño.
Las drogas, buscando aceptación
En la adolescencia empezó a juntarse con malas compañías y a consumir drogas, como un “juego inocente” buscando la aceptación de otros muchachos.
La curiosidad lo llevó a probar marihuana, combinándola con alcohol. Luego probó el crack, mucho más peligroso y adictivo.
De la mentira al atraco
Como tantos adictos, recurrió a la mentira frecuente para conseguir dinero para comprar la droga. Decía que su madre estaba enferma o que él era un padre soltero, y no tenia cómo alimentar a su hijo.
Cuando este método dejó de funcionar, dio el paso al robo e incluso al atraco. Recuerda que su primer atraco fue en un negocio en Comayagüela, Honduras.
Una noche, estando en su cuarto, sumamente drogado, llegó a la conclusión de que tenía que cambiar.
Ingresó como interno en el Proyecto Victoria, un proceso de desintoxicación que duró 5 meses. Al acabarlo, se sentía curado. Quiso ponerse a prueba, fue a tomarse una cerveza después del trabajo... y volvió a caer en la adicción.
Robando en la caja registradora
Pasó de trabajo en trabajo. Buscaba atender en máquinas registradoras, servir junto al dinero, para hacer pequeños hurtos, con los que poder drogarse y emborracharse. Cuando le descubrían, le despedían.
Intentó dejarlo. Buscó ayuda en el Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza. Fue un proceso muy duro. Los días y noches eran eternos, las pesadillas y alucinaciones eran diarias. “El cuerpo te tiembla, las manos te sudan y te das cuenta realmente en lo que te has convertido”, explica.
Apostar por Dios
Cuando le dieron de alta, esta vez apostó por Dios. Primero empezó a acudir a un grupo de oración de la Renovación Carismática Católica. “Durante algún tiempo asistí a las reuniones y me gustó, pero mi estadía allí sería corta porque después pasé a una comunidad neocatecumenal, donde Dios me ha mostrado su misericordia, en la aceptación y aprecio por parte de ellos”, señala.
“Yo decía que Dios no existía, pero ahora me doy cuenta de que lo que estaba atravesando fue una prueba, porque debido a mi tipo de vida, estuve varias veces cara a cara con la muerte, y si Él me dejó vivo es por alguna razón”.
Los amigos con los que se trató en su época de drogas y crímenes, dice, "ya no están entre nosotros, porque el destino les pasó la factura”, concluye.
Dos años limpio con Dios
Hoy, después de dos años sin beber ni drogarse, estudia "Contaduría Pública" en una universidad hondureña. Vive muy agradecido con Dios porque ahora tiene una vida normal.
Dice que Dios le ha dado la fuerza y valentía para poder pedirles perdón a las personas que tanto lastimó cuando anduvo en las drogas.
En su testimonio en el Semanario Fides, quiere dirigir un mensaje a los jóvenes: “Yo les digo a los muchachos que no están en las drogas que si tienen algún problema o algo que les molesta o les cause daño, que hablen con sus familias, que son los únicos que estarán con ellos hasta el final".
Cuando tenía 7 años, su padre murió. Aunque su madre siempre trató al niño con cariño y cuidado, nada llenó el vacío causado por la ausencia de padre. Se convirtió en un niño rebelde e indisciplinado. La escuela llamaba con frecuencia a la madre para explicar los líos en los que se metía el niño.
Las drogas, buscando aceptación
En la adolescencia empezó a juntarse con malas compañías y a consumir drogas, como un “juego inocente” buscando la aceptación de otros muchachos.
La curiosidad lo llevó a probar marihuana, combinándola con alcohol. Luego probó el crack, mucho más peligroso y adictivo.
De la mentira al atraco
Como tantos adictos, recurrió a la mentira frecuente para conseguir dinero para comprar la droga. Decía que su madre estaba enferma o que él era un padre soltero, y no tenia cómo alimentar a su hijo.
Cuando este método dejó de funcionar, dio el paso al robo e incluso al atraco. Recuerda que su primer atraco fue en un negocio en Comayagüela, Honduras.
Una noche, estando en su cuarto, sumamente drogado, llegó a la conclusión de que tenía que cambiar.
Ingresó como interno en el Proyecto Victoria, un proceso de desintoxicación que duró 5 meses. Al acabarlo, se sentía curado. Quiso ponerse a prueba, fue a tomarse una cerveza después del trabajo... y volvió a caer en la adicción.
Robando en la caja registradora
Pasó de trabajo en trabajo. Buscaba atender en máquinas registradoras, servir junto al dinero, para hacer pequeños hurtos, con los que poder drogarse y emborracharse. Cuando le descubrían, le despedían.
Intentó dejarlo. Buscó ayuda en el Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza. Fue un proceso muy duro. Los días y noches eran eternos, las pesadillas y alucinaciones eran diarias. “El cuerpo te tiembla, las manos te sudan y te das cuenta realmente en lo que te has convertido”, explica.
Apostar por Dios
Cuando le dieron de alta, esta vez apostó por Dios. Primero empezó a acudir a un grupo de oración de la Renovación Carismática Católica. “Durante algún tiempo asistí a las reuniones y me gustó, pero mi estadía allí sería corta porque después pasé a una comunidad neocatecumenal, donde Dios me ha mostrado su misericordia, en la aceptación y aprecio por parte de ellos”, señala.
“Yo decía que Dios no existía, pero ahora me doy cuenta de que lo que estaba atravesando fue una prueba, porque debido a mi tipo de vida, estuve varias veces cara a cara con la muerte, y si Él me dejó vivo es por alguna razón”.
Los amigos con los que se trató en su época de drogas y crímenes, dice, "ya no están entre nosotros, porque el destino les pasó la factura”, concluye.
Dos años limpio con Dios
Hoy, después de dos años sin beber ni drogarse, estudia "Contaduría Pública" en una universidad hondureña. Vive muy agradecido con Dios porque ahora tiene una vida normal.
Dice que Dios le ha dado la fuerza y valentía para poder pedirles perdón a las personas que tanto lastimó cuando anduvo en las drogas.
En su testimonio en el Semanario Fides, quiere dirigir un mensaje a los jóvenes: “Yo les digo a los muchachos que no están en las drogas que si tienen algún problema o algo que les molesta o les cause daño, que hablen con sus familias, que son los únicos que estarán con ellos hasta el final".
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