jueves, 14 de marzo de 2013

Cuando el milagro de la vida vence, testimonio de familia con quintillizos

Cuando una familia permite que Dios forme parte de sus vidas y lo entregan todo a Él pueden sobrellevar toda clase de dificultades, teniéndolo siempre a su lado. Este es el caso de Rubén Reyes y Patricia Aranguren, una joven pareja católica de esposos de Pisco (Ica – Perú) que hace más de cuatro años decidieron apostar por la vida y hoy gozan de la compañía de sus quintillizos: Fernando, Melania, Leandro, Berenice y Gabriel.

Rubén y Patricia se conocieron en el Camino Neocatecumenal. Después de un tiempo de novios se casaron y decidieron formar una familia. Durante cinco años intentaron tener hijos, pero no pudieron; incluso los médicos les dijeron que era improbable que tuvieran hijos.

“Todos esos años fue un tiempo bueno porque nos permitió conocernos como personas, que nuestro amor se consolide en el matrimonio y que podamos estar unidos al Señor, quien nunca nos dejó desamparados”, afirma Rubén.

Sin embargo, Dios les tenía designado una gran sorpresa. Cuando estaban decididos a optar por la adopción, quisieron hacer un último intento realizando un tratamiento natural de estimulación ovárica, ya que sus convicciones católicas no les permitían someterse a la fecundación in Vitro o inseminación artificial. Es de este modo que Patricia salió embarazada de seis bebés.

“Cuando nos enteramos fue una sorpresa, algo que jamás en la vida imaginaba que me iba a suceder a mí”, comenta Patricia.

Luego de vivir la felicidad de esta gran noticia, el médico se les acercó y les dijo que tenían que tomar una decisión: “¿o abortaban a tres bebés para que se salven los demás o perdían a todos?” Es así que, nuevamente esa profunda fe católica que profesan los ayudó a tomar la decisión de continuar con el embarazo, a pesar de lo dicho por los especialistas.

“En comunión mi esposo y yo, rezando, decidimos continuar con el embarazo, decirle ¡sí a la vida!, ¡sí a los planes de Dios!, porque si Dios había decidido que yo concibiera seis niños, Él era el único que podía decidir si nacían o morían, nosotros como matrimonio católico no íbamos a hacer nada para eliminar esas vidas. Decidimos dejar todo en manos de Dios, teníamos fe que el Señor nos iba a conceder los hijos que Él quisiera para nosotros”, menciona convencida Patricia.

A los siete meses de gestación, el 19 de enero de 2009, nacieron los cinco nuevos miembros de la familia Reyes Aranguren; ya que lamentablemente, a los dos meses de gestación, uno de los bebés había fallecido espontáneamente.

“Nosotros todos los días rezamos y le damos gracias a Dios por ese regalo que nos dio, ese milagro de nuestros hijos. Cada uno de nosotros los mira y vemos la obra de Dios, una obra palpable y concreta”, expresa emocionado Rubén.

“Si no hubiera tenido a Dios de nuestro lado y sin conocerlo, creo que hubiéramos abortado”, añade Patricia.

Fernando, Melania, Leandro, Berenice y Gabriel se convirtieron en el milagro que cambió las vidas de Rubén y Patricia. La ausencia de adornos, los electrodomésticos colocados en lugares altos, los juguetes en la sala, el constante alboroto y las persecuciones son muestra del paso de estos cinco “tornados”. Y aunque no es tarea fácil criar a cinco niños de cuatro años, la pareja agradece el apoyo que han recibido desde el nacimiento de sus hijos.

“Nuestro día a día es cansado y muchas veces la paciencia se agota. Son niños de cuatro años, son inquietos, son un vendaval. Pero ya nos hemos adaptado y ya tenemos las funciones definidas, cada uno sabe lo que tiene que hacer. Las primas de Patty nos apoyan en la casa, tenemos familiares y personas que nos han ayudado siempre y sobre todo el Señor quien nos ha provisto y nos ha llamado a la humildad”, manifiesta el matrimonio.

En otro momento, Patricia se dirige a todas aquellas personas que atraviesan por momentos similares a los que pasó ella: el no poder tener hijos, el estar tentados a someterse a un método de reproducción asistida o realizarse un aborto; y las anima a “que se acerquen a la Iglesia, que se acerquen a Dios, ya que el sufrimiento con Dios es diferente y llevadero. Por temor muchas veces pueden seguir el mal camino. Por eso, las animo a decirle sí a la vida, sí a los planes y a la voluntad de Dios”, reflexionó.

Finalmente, ambos invitan a todos a participar de la Marcha por la Vida Lima 2013.

La familia Reyes Aranguren participará este sábado 23 de marzo de la Marcha por la Vida – Lima 2013.

¡Marcha con ellos, marcha por la Vida!

Para mayor información de la Gran Marcha por la Vida - Lima 2013 visitar la web www.marchaporlavidalima.org
También las cuentas oficiales en facebook, youtube y twitter

«El Papa Francisco es una gran esperanza para la Iglesia»

Neocatechumenale Iter


Comunicado de prensa - Camino Neocatecumenal

«El Papa Francisco es una gran esperanza para la Iglesia»


Los iniciadores y responsables del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, Carmen Hernández y el P. Mario Pezzi, quieren expresar su alegría por la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como nuevo Papa, Su Santidad Francisco, de la Iglesia:

«El nombre que ha elegido como Papa es ya imagen del pontificado que llevará adelante: simplicidad y humildad», ha indicado Kiko Argüello. «Estamos convencidos de que es un Papa providencial para estos tiempos y que llevará el Evangelio de manera incansable a todo el mundo. Con el Camino ha sido siempre muy cercano y a los iniciadores siempre nos ha mostrado su cariño y nos ha expresado su apoyo. En diferentes ocasiones ha presidido celebraciones de las comunidades neocatecumenales de Buenos Aires, como la eucaristía del 40º aniversario, en 2008.
El Papa Francisco va a ser un incansable anunciador del Evangelio. Es sin duda una gran esperanza para la Iglesia, y todos las personas del Camino Neocatecumenal rezamos por él y por su pontificado».

miércoles, 6 de marzo de 2013

Laicos defienden ampliación de Catedral de Granada

 Unas 14 comunidades de laicos de Granada que apoyan el trabajo religioso en la Catedral de la Inmaculada Concepción de María, expresaron su total respaldo a la ampliación del emblemático edificio, la cual impulsa el Obispo de la Diócesis, monseñor Jorge Solórzano Pérez.

Los miembros de dichas comunidades reaccionaron a las críticas de algunos arquitectos e ingenieros granadinos, quienes han señalado que la intervención perjudica “enormemente” la composición original del inmueble catalogado de alto valor patrimonial.

Los feligreses refirieron que la construcción no es más que la continuidad de la fachada del edificio, conservando el estilo neoclásico con el que fue creado.

“Todas aquellas personas que quieran corroborarlo, pueden ver la imagen que hemos colocado en las afueras del Palacio Episcopal y en la Capilla del Santísimo, ahí se observa cómo quedará finalmente la Catedral, y que la obra no alterará en nada el patrimonio histórico”, manifestó doña Blanca López.

La señora, miembro de la comunidad Camino Neocatecumenal, indicó que la construcción que se realiza en el costado norte del templo, contiguo a la Capilla del Santísimo, beneficiará a los laicos que apoyan a la Iglesia católica a través de la evangelización.

“Nosotros no tenemos un lugar donde reunirnos para celebrar la palabra de Dios, impartir catequesis de bautizos, confirmaciones, charlas matrimoniales, formaciones de pequeñas comunidades, grupos juveniles, en fin, todas las actividades propias del crecimiento espiritual. En este nuevo edificio habrá algunos salones disponibles para que hagamos todas estas actividades”, dijo.

Don Evaristo Castillo consideró que las críticas vertidas en las últimas semanas no han tenido fundamento, porque quienes han cuestionado no conocen el fondo de la situación.

“Mucha gente no sabe cómo quedará ya concluido, no se han acercado a preguntar. Luego van a sorprenderse cuando vean el hermoso edificio, y miren a los niños y jóvenes recibiendo el catecismo… todo esto es para la gloria del Señor, para nadie más”, agregó.

A Sor María Romero

El edificio de cuatro plantas llevará el nombre de la beata, nacida en Granada, Sor María Romero, y estará acondicionado con ascensor, escalera, baño, closet y salón de oración.

De acuerdo con los planes, los católicos manifestaron que monseñor Solórzano piensa inaugurarlo el 7 de julio próximo, en conmemoración a la fecha del fallecimiento de la religiosa, que fue el 7 de julio de 1977.

Las comunidades que apoyan la obra son Enmanuel, Cristo Rey, Jesús por María, Divina Misericordia, Grupo de Catequistas, Pastoral Juvenil, Hijos de Dios, Pastoral Familiar, Coro de Catedral, Franciscanos de María, Pequeña Israel, Franciscanos, Apostolado Divina Misericordia de los Medios de Comunicación, Sistema Integral de la Nueva Evangelización y Camino Neocatecumenal. 

Kiko Argüello: «El Papa ha hecho un acto de virtud heroica»

Entrevista a Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal, en la cual da sus impresiones sobre el ahora Papa emérito Benedicto XVI y sobre los desafíos que, a su parecer, tiene la Iglesia Católica y por lo tanto el próximo pontífice. Habla sobre la importancia de la Nueva Evangelización, la correcta aplicación del Concilio Vaticano II y de la ingente labor en Asia, donde hay millones de personas que no conocen a Jesucristo.


¿Cómo vivió la última audiencia con el Papa?

Pude estar muy cerca de él y durante toda la audiencia estuve pensando que Benedicto XVI ha realizado un hecho maravilloso, heroico, y me preguntaba: ¿por qué razón no ha adecuado su pontificado y su actividad a su salud? Podría viajar por ejemplo menos para no fatigarse tanto. Sin embargo, ha sido capaz de sacrificarse y esto es un acto de virtud heroica. Para canonizar a alguien se necesita demostrar que su virtud ha sido en grado heroico. Para mí, este acto del Papa ha sido de virtud heroica. Ha comprendido que lo que necesita hoy la Iglesia es un Papa que lleve adelante una acción que él no puede realizar. Por eso va a continuar, pero desde la oración y dejando paso a un nuevo Pontífice. La Iglesia debe responder a lo que está sucediendo hoy en el mundo, que es muy grave.

El Papa señaló «que uno recibe la vida justamente cuando la dona». ¿Se refería también a la evangelización?

Ha dicho también otras veces que la fe se aumenta dándola. Sin duda que este acto que ha hecho el Papa le va a dar el ciento por uno a él –en santidad y en amor–, y a la Iglesia. Hay que tener discernimiento para comprender lo que sucede a nuestro alrededor. Lo que ha sucedido por ejemplo en Italia con las elecciones, con los partidos de izquierdas y los anarquistas, que han dicho en alguna ocasión que hay que destruir el Vaticano, Notre Dame y la Sagrada Familia. Estamos en una sociedad que cambia continuamente: la ideología de género, la ley de parejas homosexuales, etc. Y hace falta realizar una nueva evangelización seria. El Papa se ha retirado para que venga un apóstol mártir que pueda hacer frente a estos nuevos desafíos.

¿Cuáles son exactamente estos desafíos?

Hay dos importantes: el Concilio Vaticano II y la Nueva Evangelización. A los párrocos de Roma les dijo hace apenas unos días que, con respecto al primero, han existido dos concilios: el mediático y el real, y que este último aún no se ha realizado. Hay que llevarlo adelante, porque es la respuesta a un cambio de época total. En la nueva evangelización es primordial Asia. China, por ejemplo, se ha extendido por todo el mundo y en India hay millones y millones de personas que no conocen a Jesucristo. No es lo mismo un cristiano que un ateo. Un cristiano ha nacido del cielo, es una nueva creación; tiene dentro Vida Eterna, una misericordia especial y su relación con el dinero es distinta. Hoy en día hay muy pocos cristianos, porque no basta sólo con asistir a misa, sino que hace falta formar a verdaderos cristianos, de ahí la importancia de promover la iniciación cristiana en las parroquias que haga crecer la fe en las personas. Es necesario vivir en pequeñas comunidades de fe y decir a los hombres que es posible vivir la Vida Eterna porque Cristo nos da de su victoria sobre la muerte y podemos amar a los enemigos como Él ha hecho. Pero esto hace falta mostrarlo, y para eso hay que realizar una nueva Evangelización a nivel mundial.

domingo, 17 de febrero de 2013

Comunicado de prensa - Camino Neocatecumenal

Con motivo del anuncio de la renuncia, como Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro de Benedicto XVI, los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, Carmen Hernández y el sacerdote Mario Pezzi —el equipo responsable mundial del Camino Neocatecumenal— expresan su pesar por este anuncio y el agradecimiento a Benedicto XVI por la profundidad de su magisterio y por su empeño en llevar adelante el Concilio Vaticano II; además de por las innumerables muestras de cariño y amor que a lo largo de su Pontificado ha mostrado hacia el Camino Neocatecumenal:
 
«No podemos por menos que darle las gracias por la aprobación de los Estatutos, así como la aprobación de las celebraciones que jalonan el itinerario del Camino Neocatecumenal. También por haber hecho revisar, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, los contenidos de las catequesis que el Camino utiliza en la iniciación cristiana. No podemos tampoco olvidar el envío de tantas familias en misión, tantas audiencias publicas y privadas que nos ha concedido, su proximidad en los momentos de angustia y tantos y tantos signos de sincero amor.

Podemos decir que estamos consternados por la noticia, pero también muy agradecidos de las numerosas muestras de amor hacia nosotros y hacia todo el Camino Neocatecumenal. Estaremos siempre muy agradecidos a Dios por él y rezamos para que la Santa Virgen María le dé salud y consuelo a su corazón por este acto de valentía, de profunda humildad, de coherencia y sobre todo de amor a Dios y a la Iglesia». 

domingo, 10 de febrero de 2013

«Con los pobres tuve la certeza de que Dios existe, de que es amor... ¡y quedé muy sorprendido!»

[Este jueves 7 de febrero comenzó a distribuirse en Italia la versión italiana del best seller El kerigma, de Kiko Argüello (Buenas Letras). Ha sido publicado por la editorial San Paolo y a la gran expectación con la obra ha responido la revista Famiglia Cristiana con una extensa entrevista que reproducimos a continuación en su integridad.]

Habla como pinta. Destila palabras y silencios con el mismo estudiado cuidado que utiliza al escoger los objetos, los colores y la luz de sus cuadros. Francisco José Gómez Argüello, conocido por todos simplemente como “Kiko”, cuenta su historia y la del Camino Neocatecumenal en el Centro Internacional Siervo de Yavé de Porto San Giorgio, en la provincia de Fermo, ante un cuadro en el que ha pintado los principales hechos de la vida terrena de Jesús, desde el pesebre de Belén al sepulcro vacío, sello de la Resurrección; más de veinte metros de historia sagrada que por tramos y por proximidad cromática parecen un compendio de la pintura occidental, desde Giotto a Matisse, pasando por Picasso.

Pobreza, embrutecimiento moral, sustancial ignorancia de Dios: el Camino Neocatecumenal comenzó a tomar forma en los años sesenta en la periferia más mísera de Madrid.

-¿Qué llevó a un burgués de buena familia como usted a irse a vivir a un lugar como aquél? -A lo largo de mi vida he tenido varios encuentros con el Señor. Uno de los más importantes fue allí, ante el sufrimiento de los inocentes. Yo tenía mi estudio de pintor junto a la plaza de España en Madrid. La Navidad solía festejarla con mis padres. Un año entré en la cocina y vi a la mujer que trabajaba en casa de asistenta, llorando.

- ¿Qué había ocurrido? - Su marido era alcohólico. Pegaba a sus hijos. El mayor se había enfrentado a él alguna vez con un cuchillo. Estaba aterrorizada por la idea de que se mataran. Yo no sabía cómo ayudarla. ‘Venga a hablar con mi marido’, me pidió. Fui y quedé impresionado por el lugar donde vivían: un arrabal polvoriento y sucio.

Yo, que me había vuelto a acercar a la fe y a la Iglesia, pero que seguía atormentado por miles de dudas, los acompañé a los Cursillos de Cristiandad. Él quedó sorprendido al verme hablar de Jesucristo. Aceptó lo de intentar dejar la bebida, cosa que consiguió unos meses más tarde. Luego, lamentablemente, volvió a las andadas. Trabajaba de barrendero. La costumbre era tomarse una copa al final de la jornada. Pero las copas empezaron a ser dos, luego tres… cuatro… Cuando volvía a casa borracho se volvía violento. Su mujer entonces me llamaba, y yo era el único que la escuchaba. Pero aquello no podía seguir así.

- ¿Y qué hizo? - Pensé que Dios me estaba pidiendo que me fuera a vivir con aquella familia, ayudándole a él a mantener el trabajo y a vencer la esclavitud del alcohol, y defendiendo a los más débiles de la casa: aquella mujer y sus hijos. Y sin darle más vueltas, me fui. La cocina estaba llena de gatos. La miseria y la degradación reinaban dentro y fuera. Yo estaba atormentado: ¿por qué aquella gente sufría tanto? ¿Por qué Dios permitía aquel calvario? Mi mente y mi corazón estaban heridos por los conceptos de los que, en mi periodo agnóstico, consideraba mis maestros: Friedrich Nietzsche, Albert Camus y Jean- Paul Sartre.

-¿Qué quiere decir exactamente? - Parafraseando a Nietzsche, se podía afirmar: si Dios no quiere ayudarlos, es que es un monstruo; y si no puede, es que no existe. Frases envenenadas. ¿Podía Dios ayudar a aquella mujer o no? ¿Y si podía, por qué no lo hacía? ¿Dios existe? Al final abandoné todas estas preguntas.

¿Sabes lo que vi? En aquella mujer vi a Cristo, de la misma manera que he visto a Cristo en la mujer con párkinson, abandonada por su marido y con un hijo demente que por allí cerca arrastraba una existencia miserable, viviendo de limosna. Vi el misterio de Cristo que carga sobre sí el dolor del mundo y lo redime.

La búsqueda intelectual y filosófica de Dios me habían me habían hecho encallar. El encuentro con los pobres, los marginados, los enfermos; el vaciamiento interior progresivo, las humillaciones: fue entonces cuando Dios se manifestó. Tuve la íntima certeza de que existía. Y de que era amor. Y me quedé enormemente sorprendido, lo digo sinceramente. De pronto me sentí apaciguado, sereno. Y libre. ¡Si Dios existe, yo también existo! Después me llamaron para hacer el servicio militar y me mandaron a África.

- Y cuando volvió a Madrid se fue con los gitanos…
- Un asistente social me indicó la zona de Palomeras Altas, donde, entre muchas otras, había una chabola de tablones de madera. Me dijo, métete ahí. Y me mudé con una Biblia y la guitarra. Y allí, entre gitanos, prostitutas y desechos humanos comenzó todo.

Era el año 1964. Yo quería vivir en las chabolas como Charles de Foucauld, en contemplación, adorando a Jesús crucificado en los más pobres. Pensaba: si mañana Cristo volviese me gustaría que me encontrara al pie de los inocentes, crucificados por los pecados de los demás. Así fue como me quedé a vivir entre los pobres.

-Pero no siguió en los Cursillos de Cristiandad, ni se hizo Hermano de Charles de Foucauld, sino que dio inicio al Camino. ¿Cómo ocurrió?
-Debo mucho a ambas experiencias. Creo poder decir que fue Dios el que quiso que yo, junto a otros, sobre todo a Carmen Hernández, que ha sido tan importante por su formación teológica y misionera, pudiese poner en marcha una nueva síntesis teológico–catequética.

Los pobres nos han obligado a elaborar nuevas formas de predicación. Una vez, un patriarca gitano me llevó a una cueva ennegrecida por el humo de las velas y del carbón que utilizaban para calentarse. Me pidió que hablara de Dios ante un grupo de gitanos que se habían reunido allí. Yo me sentía indigno y me resistía. Pero su madre fue tajante: ‘¿Ha visto alguna vez a un muerto volver del cementerio? Mi padre está bajo tierra, y también mi abuelo. ¿Ha visto usted a alguno de ellos regresar con vida? ¿No? Entonces no le escucho’.

Aquella mujer me ayudó, a mí y a todos nosotros, a redescubrir el kerygma, palabra griega con la que se indica el corazón del mensaje evangélico: el anuncio del Dios que se hace hombre, muere y resucita para nuestra salvación.

- ¿Qué es el Camino? - Es una iniciación cristiana. Frente a un mundo completamente secularizado que ha perdido a Dios es necesario comprender a fondo qué significa creer. El Camino tiene diversas etapas y puede durar hasta treinta años, el tiempo que separa el nacimiento de Jesús del inicio de su predicación pública. Baja mucho a lo concreto.

¿Cómo se manifiesta la naturaleza divina que hemos recibido como don? ¿Acaso pensamos que es suficiente con ir a misa los domingos o rezar de vez en cuando? Por ejemplo: ¿cómo vivimos la llamada al perdón de los enemigos y a no oponer resistencia al mal? Todo el Camino se funda sobre la palabra de Dios, sobre la liturgia y sobre la comunidad, tres realidades indisolublemente ligadas a las que llamamos el trípode.

-Y pone mucha atención en las familias…
- Es uno de los ejemplos más bellos de relación de amor. El Camino cuenta con 842 familias enviadas en misión a los diversos continentes, hijos incluidos. Unas cincuenta de ellas están en China.

- Hace años algunos dijeron que repetíais el Bautismo... - No. Pero sí es cierto que profundizamos en los diversos ritos que componen el Bautismo para que todos sean conscientes de lo que significa y de lo que conlleva ser criaturas nuevas en el Señor.

- Estáis arraigados en muchas parroquias. Y aquí y allá surgen problemas… - Nosotros ofrecemos nuestra experiencia y estamos listos para colaborar con los párrocos que, por otra parte, saben que pueden contar con nosotros, porque somos puerto de amarre de muchos no creyentes, los llamados alejados. Las incomprensiones, cuando se dan, nacen a menudo del desconocimiento de quiénes somos verdaderamente, y de qué es lo que hacemos. Y esto vale también para los obispos que nos hostigan. La Iglesia, madre y maestra de todos, nos ha seguido y alentado en las personas de los Papas de los últimos decenios: Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

-¿Y con las demás realidades eclesiales cómo se llevan? ¿Hay colaboración, competitividad, o desencuentro? -Estamos en comunión con Comunión y Liberación, el Opus Dei y tantas otras realidades, incluidas la Comunidad de San Egidio y los Focolares. Ciertamente, si alguna realidad deja de tener como brújula la Biblia y el Magisterio y escoge puntos de referencia más mundanos o políticos, no nos tendrá de su lado.

-¿El arte es un camino o un obstáculo para llegar a Dios?
-El arte es una manifestación, una expresión del amor. El arte es relación. Y nos remite a la relación en la cual se funda la Trinidad. Y la Iglesia. Tomemos ejemplo de la creación tal como nos viene presentada por el libro del Eclesiástico, capítulo 42: Todas las cosas van de a par, una enfrentando a la otra; el Señor no ha hecho nada imperfecto. La una destaca a la otra: ¿quién se cansará de contemplar su gloria?

En mi evolución personal estoy intentando conjugar al máximo la pintura occidental con la oriental, fascinado por esta última que no tiene perspectiva, ni punto focal, ni calcula proporciones, que no se presenta como una ventana entreabierta por la que podemos mirar de reojo lo sagrado, sino, –cómo decirlo– que comunica con serena certeza una noticia: Dios existe, se presenta, aquí lo tenéis.

- ¿Cómo estáis viviendo el año de la fe? - Alternando la actividad ordinaria con los eventos especiales. Queremos anunciar el evangelio en la calle. Entre Pascua y Pentecostés, solo en Roma lo haremos en más de cien plazas.

jueves, 31 de enero de 2013

«Sólo quería salir de la cárcel para volver a robar y vender droga, pero Dios se encontró conmigo»

«Me llamo Pasquale y soy de la primera comunidad neocatecumenal de la cárcel de Poggioreale, Nápoles», comienza el testimonio extraído del libro «En la cárcel, pero libres» y que ha querido compartir a través de las redes sociales. Un testimonio de fuerte conversión a través de las catequesis del Camino Neocatecumenal. «Fui a escucharlas sólo por asuntos personales, quería meterme en el bolsillo al sacerdote porque ya llevaba ocho meses en la cárcel y pensaba que él podía hacerme salir de allí», reconoce. Sin embargo, sin que Pasquale contara con ello, Dios quiso encontrarse con él, y de qué forma. Su historia es de las que no dejan indiferente.


Eran unos ochenta presos los que acudían a escuchar las catequesis. «Hablaban de este Camino Neocatecumenal, hablaban de este español, de este Kiko, hablaban de la Virgen María, pero a mí personalmente no me importaba absolutamente nada porque sólo pensaba en salir de la cárcel», explica Pasquale. Pensaba en todo lo que haría fuera, pensaba que al salir tendría que vender droga, pensaba robar a la gente para sacarles dinero, «incluso estaba pensando en meterme en algún clan camorrista porque quería vengarme de todas las maldades que había recibido», asegura.

«Los curas y las monjas me resultaban antipáticos, incluso llegué a robarles»

Los catequistas aseguraban en la predicación que el Señor libra a la persona de sus esclavitudes, aunque Pasquale, sinceramente hablando, no se lo creía, y se decía: «No son más que chorradas, ¿qué quieren estos pelmas? Ellos ahora se van a casa, mientras que nosotros estamos encerrados aquí dentro y nos vienen a decir todas estas chorradas... ¡qué me importa!».

«Pero durante las catequesis estaba naciendo algo dentro de mí, cada catequesis que escuchaba me hacía estar clavado en la silla, ya no era capaz de oír la voz de mis amigos, el Señor quería hacer nacer algo dentro de mí, pero yo todavía no quería aceptar esa realidad», admite. Los amigos de Pasquale en la cárcel le insultaban y le preguntaban por qué continuaba escuchando esas «bobadas», pero el Señor seguía haciendo su obra. «Él sabía que yo tenía necesidad de Él, porque en la cárcel es difícil escuchar la Palabra de Dios, allí todos piensan que ir a la iglesia es una vergüenza». Es más, el primero que lo pensaba era el propio Pasquale. No había hecho la Primera Comunión ni se había confesado jamás: «Es más, los curas y las monjas me eran todos antipáticos e incluso llegué a robarles».

Una confesión que le cambió la vida

Durante la celebración penitencial que se realiza durante el tiempo de las catequesis, Pasqual tenía miedo. Miedo de ser juzgado, de la propia vergüenza al confesar todo lo que había hecho. Pero algo sucedió dentro de él, porque sin darse cuenta se encontró delante del sacerdote para confesarse por primera vez en su vida. Y por primera vez, también sintió el amor de Dios hacia él, un amor que pasaba por encima de todos sus pecados y los perdonaba: «Yo pensaba que mi vida ya no valía nada y que estaba acabada, porque a mí siempre me juzgaron los tribunales y siempre me condenaban a volver a la cárcel. Pero en aquella penitencial vi que, a pesar de todas las maldades y todo el mal que había hecho a la gente, incluso vendiendo droga a chavales inocentes... El Señor me perdonó, y comprendí que había un Dios que no me condenaba», asegura feliz.

El primer permiso

Poco a poco, Pasquale se dio cuenta de que, cuando saliera de la cárcel lo más importante sería su familia, no el dinero. «Yo pensaba que el dinero lo era todo para mí, pero el Señor me hizo entender que tenía que trabajar y que no debía robar ni vender droga». Lo más bonito, según cuenta el mismo, era cuando su mujer venía a visitarle y él le hablaba de las catequesis. Ella le notaba muy cambiado, pero pensaba que estaba loco: «Yo le decía que, cuando saliera de la cárcel, haría la Primera Comunión y después la llevaría a la Iglesia y me casaría con ella, pero ella no se lo creía». Pasquale ya no pasaba día y noche pensando en cómo salir de la cárcel, y cuando el juez le dio por primera vez ocho días de permiso, fue algo diferente. «Jesucristo me estaba haciendo salir de una esclavitud de la que nunca nadie pudo hacerme salir, de la esclavitud de la droga. Los ocho días de permiso los pasé en casa con mi mujer y mis dos hijos, fueron preciosos y muy distintos a las otras veces. Antes no me importaba nada estar en casa, salía corriendo a buscar a mis amigos para ver como podía conseguir dinero y dónde tenía que ir a robar».

El día en el que Pasquale salió de la cárcel

Cuando volvió a la cárcel, los catequistas fueron a ver a los presos y celebraron con ellos la Eucaristía. En la mitad de la celebración, entraron dos guardias para avisar a Pasquale de que era libre, podía salir ya de la cárcel. «El capellán y los catequistas me invitaban a irme porque era libre, pero yo insistía en que quería terminar la Eucaristía. Y los guardias me decían que estaba loco porque nunca habían visto a nadie que no quisiera salir de la cárcel», ríe Pasquale. Cuando por fin salió, ante él se presentaban el camino del bien y del mal, y Pasquale eligió. Empezó a caminar en la décima comunidad de San Giacomo, a pesar de que tenía muchas dificultades porque vivía lejos y muchas veces le faltaba dinero para la gasolina. Otra manera más de experimentar la providencia de Dios.

Pasquale se confirmó para poder casarse por la Iglesia. Uno de sus catequistas fue su padrino en ambas celebraciones. «El día de nuestra boda fue precioso, realmente sentía que Jesucristo venía a atarme con más fuerza a mi mujer, a la que yo había hecho sufrir tanto cuando me drogaba. Ahora me daba la posibilidad de tener una familia cristiana en el verdadero sentido de la palabra».

Los primeros trabajos

«Empecé a trabajar recogiendo la basura por la noche con una empresa privada, aunque al poco tiempo me quedé en el paro. Más tarde encontré un puesto de albañil que para mí era agobiante, porque tenía que levantarme por la mañana muy temprano y sufría mucho por el cansancio, porque yo nunca había trabajado así. Cuando vendía droga trabajaba menos y ganaba mucho más, pero el Señor me hizo entender poco a poco que solo Él era importante, y que tenía que trabajar para alimentar a mi familia, y poder anunciar Su amor también a mis compañeros», explica Pasquale.

«Quiero dar gracias al Camino Neocatecumenal porque si no lo hubiese conocido, estaría todavía vendiendo droga, estaría todavía haciendo daño a la gente. Pero el Señor ha sido bueno y es el único Padre que me ha querido con todos mis pecados», concluye.

Los hermanos acompañan

Tiempo después, Pasquale fue llamado a juicio por una vieja historia de droga. Esta vez no tenía miedo de volver a la cárcel, aunque lo sentía por su familia y por su comunidad. «El Señor me mostró su gran paternidad también en este hecho, no dejándome solo: al proceso vinieron también los hermanos de mi comunidad que, mientras esperaban, se pusieron a rezar conmigo a pesar de toda la gente que había. Gracias a sus oraciones y a la ayuda del Señor, el Juez me dijo que era libre y que no tenía que volver a la cárcel». Después de muchos años de Camino, el Pasquale que era conocido en el barrio por robar y vender droga, es hoy conocido porque ahora sólo le ven hablar de Jesucristo. «¡De hecho, algunos de mis amigos de infancia con los que robaba están viniendo ahora a escuchar las catequesis!».

«He experimentado la alegría de tener otros dos hijos más, de sentirme realmente padre y de hacer entender a mis hijos que siempre me equivoqué en la vida, pero que hoy está Jesucristo, que me ha aceptado con todos mis pecados, y que siempre está Dios Padre que provee para nosotros», finaliza contento Pasquale.